jueves, 18 de octubre de 2012

Princesa sin principe ni interés


Pese a las malas críticas recibidas, uno no ha podido evitar caer de nuevo en Pixar. Escarmentado de Cars y de tantas secuelas que la factoría Disney está realizando quería ver una nueva historia original de los creadores de piezas tan sublimes como Up.

Nada. Todo lo leído era cierto. No me parece mal, como muchos critican, que sea un film sólo para niños. De hecho Pixar pertenece a Disney y esta compañía siempre se ha dirigido a los más pequeños de la casa. Estamos mal habituados ya. Ahora, al ver un film de animación, los que hemos dejado la infancia atrás exigimos que nos guiñen un ojo. Por mucho que haya intrigas más adultas en los anteriores films de Pixar aquí no hay ni rastro. Bien por ellos. Pero, al menos, esperábamos que no hicieran que los niños salgan del cine tal y como salieron.

Técnica apabullante, un 3D y una melena peliroja de los más trabajada digitalmente no sustenta un film que no sólo está cargado de moralina, sino que ésta ya la hemos visto tantas veces que nos parece que no esta a la altura ante un despliegue de medios tan impresionante.


Ni queriendo evitar las expectativas de animación para adultos se ha salvado pues, tampoco con la técnica. Centrémonos en lo que parece más destacable y un paso adelante en la historia de Pixar: su protagonista. Después de tantos y tantos títulos en que los roles femeninos eran meros secundarios en Brave la única y exclusiva protagonista es una mujer. Bien, una princesa. Aquí ya vamos mal. Uno se teme lo peor. Pero va, es Pixar, no lo olvidemos. Y realmente en este aspecto se comporta con la originalidad que se espera de ellos. Brave cede el protagonismo absoluto a Mérida, una princesa que no desea un príncipe azul, una joven que no sueña con casarse. Al contrario, la chica lo único que quiere es vivir la vida (cosa que han olvidado algun@s niñ@s) y hacerlo como le gusta, cazando osos y  tirando flechas (no de amor, como Karina) con su arco. Es más, cuando su madre le prepara un casting de príncipes para esposarla se desata la tormenta que origina el conflicto de la historia. La trama se aleja del los candidatos y se centra en la diferencia generacional. Es una lástima que eso sea todo. Eso se ha visto mil veces en clásicos Disney tan... como La SirenitaPocahontas,... Y la cosa ni va más allá, ni explica más cosas.

Digamos que al menos, el hecho de que la historia protagonizada por una princesa que no requiere de príncipe logra que la película se pueda salvar de la quema total a nivel narrativo y que uno no despotrique de Pixar hasta dejarlo a caer de un burro, o del caballo de Mérida. Pero si que uno se queda insatisfecho. Será que nunca es recomendable acostumbrarse a lo bueno, y menos con los tiempos que correr y quedan por venir.



Buenas herramientas, resultados...


Uno intenta ser respetuoso con visiones y creencias de los directores, alejar su postura inicial y acceder a la película sin prejuicios. Quien escribe estas líneas así lo ha intentado tras ver Café de Flore, y a medida que uno digiere y reflexiona el argumento del film piensa si esa primera conclusión es la correcta o no.

A primera vista uno piensa que el nuevo film de Jean-Marc Vallée es para crédulos. Que uno casa y cree con el enlace patillero y metafísico con el que el director enlaza dos historias sucedidas en épocas y lugares diferentes, el París de 1969 y el Montreal de 2011 o no hay quien se lo trague.

El cineasta ha querido volver a sus inicios de C.R.A.Z.Y. en los que la música era un elemento de lo más presente y formativo de los más pequeños. Y obviamente canciones que para los "modernos" pueden resultar de lo más atractivas. Esto, al menos, da ánimos para pensar que tras su fallida, floja y algo impersonal versión de La reina Victoria, se ha sabido reconducir. De hecho Antoine (Kevin Parent) es un DJ bien reputado que conquista a su primer amor, Carole (Hélène Florent) con una canción, sus hijas se burlan de las canciones que escuchan e incluso lo llegan a boicotear con ellas. Un sello que da ánimos a pensar que estamos ante el original Vallée.

Su manera de rodar, con cortes en seco, sin avisar al espectador, dejar la acción silente para subrallar lo relevante de la acción que sucede y captar la atención del espectador ante la escena son herramientas de un cineasta que parece sentirse cómodo con las convenciones del cine postmoderno. Pero siempre con la huella personal de un cineasta canadiense. Nada de una textura fílmica "indie made in USA", nada de la pedantería y la afectación del joven cine europeo, la naturalidad de las historias fluye con sus imágenes que no se tratan de llamar ni evocar a la poesía (salvemos contadas excepeciones de cámaras lentas y saltos a piscinas muy propios de Sofia Coppola).

Parece queVallée dispone de los instrumentos para conseguir realizar un buen film y poder llegar al personal. Además no se limitará a contar, como dijimos al principio una historia, sino un mínimo de dos y en tiempos distintos. Un reto, pero viendo las bases e instrumentos con los que juega el director, promete.

Cuesta mucho unir la ardua aventura de Jaqueline, una madre que en 1969 debe sacar adelante a su hijo con síndrome de Down con la de Antoine, un DJ recién separado que ha reiniciado una nueva y feliz vida, mientras su ex, Carole, no puede aún asumirlo.

Pero entonces uno, debe recapitular. Olvidándose de tanto salto temporal. En 1969 vemos como el hijo de Jaqueline se enamora perdidamente de otra niña con síndrome de Down, complicando la relación que el peqeuño tenía con su madre, en la escuela y en la vida general. Por el otro está Carole, una pobre mujer que ve escapar a su primer y único amor de toda la vida y no sabe como afrontarlo.

Bien, es cierto, las vidas de Jackie y Carole no son tan dispares. Ambas se niegan a aceptar la realidad del amor: seas como seas, es duro, arriesgado, destroza familias, corazones, vidas, alegra a los que lo viven, les hace sentir vivos pese a los problemas que les pueden acarrear. Este es el mensaje positivo o no de Café de flore. Es bonito y educativo. Está bien llevado. No hay un dramatismo exagerado en la manera de contar las historias, los silencios no abusivos, la música, las tramas entrelazadas, los personajes secundarios que nos dan una visión menos pasional y natural de la trama, ayudan al espectador a ver la evolución de estas ¿dos? historias de amor.

¿Dos? Podríamos contabilizar tantas versiones y sentimientos en los que el amor se manifiesta en este film que no acabariamos. Esto enriquecería el film si todas fueran bien tratadas y no meramente pinceladas al margen de las historias de Jaqueline y Carole. De hecho la de Carole, incluso parece ser la que resulta más al margen, al inicio. Parece que el protagonista de la historia de 2011, como decíamos al principio es Antoine, pero él acaba siendo un mero mcguffin para que Vallée cuente la vivencia de Carole.

Como ven mucha confusión cuando el contenido y las herramientas son, al menos, interesantes y proetedoras. Pero a veces no basta con disponer de una técnica eficaz y una voluntad firme para realizar un buen film. Al cineasta le pierden las ganas de ser moderno, de querer enlazar las dos historias separadas por el tiempo con una canción y otra explicación, que no desvelaremos, pero que podríamos calificar cuánto menos que pillada, y todo esto puede hacer que veamos la película en su conjunto no sólo de lo más floja sino a él con un potencial desaprovechado que ni siquiera sabe manejar. Seguiremos la pista de este director, porque seguimos pensando que tiene algo, hace falta que sepamos si ese algo es relevante o no y si lo sabe manejar.

De hecho, si se analizan, las historias de amor se mantienen a veces por razones de lo más inexplicables. Si uno lo ve así, Café de flore usa el mecanismo más adecuado para explicar su historia. Si no, uno puede disfrutar de un film bien rodado, que pormenoriza los tiempos narrativos y sabe jugar con los saltos de tiempo, los silencios y la música que suena, para acabar con la sensación de que le han engañado. Allá cada cual.




Hara-kiri: un remake de samurais muy actual


Desde que se pudiera a rodar que no ha parado. Takashi Miike, ese director que es capaz de rodar más de tres films al año, llega a las pantallas españolas con Hara-kiri, un remake. La esperanza del espectador fiel a Miike puede pensar que no será uno al uso. Pero está muy confundido.


Nada de estrategias narrativas, humor, referencias populares. Hara-kiri, es lo que ha sido siempre, una historia que versa en torno al mundo de los samurais. El cineasta japonés ya ha retratado este mundo en decenas de ocasiones, unas dándole un toque western, otras con un toque cercano al gore, otra al blcokbuster norteamericano. Nada de eso encontramos aquí.El director debería pensar que esta historia es perfecta tal y como fue contada, de hecho, si lo miramos bien el guión podría haber salido de la cabeza del propio Miike. Así que el espectador no debe pensar que es simplemente otra película ambientada en la época de los samurais porque va más allá.

Una narración casi en flashback, el honor perdido,... la única diferencia es que mientras los personajes de sus películas huyen de ese concepto y el director parece restarle importancia, aquí no. El honor de  una persona cualquiera está por encima de todo. Ni hay ni un rastro de burla hacia éste. Todo trasnmitido desde un fuerte realismo que uno olvida que se trata de una película de época. el respeto por la historia narrada es total y no se contradice con la intención desmitificadora del código de los samurais  propio de Miike y que aquí sigue inamovible.

Pero es que además, parece que Miike ha pensado muy bien que película escoger para hacer una nueva versión. Visto desde la situación actual mundial en que todos hacemos mil esfuerzos para salir adelante, la historia de Hanshiro para salvar a su familia no nos parece tan lejana, por mucho que suceda en el Japón del siglo XVII. Igual los modos son exagerados, nadie aquí sacrifica su vida literalmente, pero son muchas las personas que se estan a exponiendo a duros trabajos y duras condiciones para alimentar a sus hijos.

La novedad que ofrece el cineasta japonés en esta versión es el 3D, decisión que resulta algo absurda porque la historia no lo requiere, sí, le da una gran profundidad de campo, aunque no lo necesita. Ya se sabe que a Miike le gusta salirse de lo normal, que se espera de él. 

Muchos que han visto la versión anterior, Seppuku de  Masaki Kobayashi, dicen que el cineasta japonés ha restado fuerza al film con su empeño realista y profundidad 3D, con esa, rara elección en Miike, de reducir la carga violenta del film original y de sus propias películas... Pero de todos modos, para quienes no hayan visto la versión original, sea en 3D o en 2D, la película, pese a ser de las más conservadoras, narrativa y estéticamente hablando, de Takashi Miike merece la pena. Hace pensar en los tiempos actuales de cualquier ciudad que no sea Japón y tiene una calidad que sólo este cineasta puede lograr realizar en tan poco tiempo. ¿Que no es la radicalidad que se espera del cineasta japonés? ¿Pero quien dice que este buen director que ha abarcado tantos films haya de quedarse sólo con un estilo de rodar películas? A veces, cuando el mensaje es lo que importa, la radicalidad puede resultar sobrante.




Simple y necesaria


¡Qué bonito queda alabar una película cuya protagonista es una entrañable anciana! ¡Qué bien la miramos si además ha sido premiado en Venecia! ¡Qué diferente la miramos si viene de un país tan exótico como China!

No nos engañemos, un film como Tau Jie (A simple life) no hubiera recibido las alabanzas sin su protagonista, Ah Tao (inmensa Deannie Yip). Esta hermosa anciana que vive entregada desde bien joven a servir a una familia y en especial al hijo, Roger (Andy Lau) y que un buen día tras un ataque al corazón, éste la envía a una residencia. El hombre la visitará casi cada semana, y ella estará bien agradecida. En el asilo ligará y ayudará a todos rechazando cualquier recompensa por sus buenas acciones. Vamos, que esta mujer es una santa y obviamente la amamos y hace que amemos al film.

¿Por qué? Porqué sabemos que son pocos los que hacen como el chico que va verla cada semana. Porqué a verla sentimos que un día nos podemos encontrar con esta situación. Porqué algunos sentirán que las cosas podrían ser así o incluso mejor pero que en realidad no pasará. Es una especie de lección de cosas que se deben hacer y mejorar.

Un panfleto, señoras y señores, un tirón de orejas que ela directora Ann Hui da al mundo sobre como tratamos a aquellas personas que nos han visto crecer, que las tratamos a veces despectivamente y que encima son de lo más agradecidas. Un sermón en formato película que está tan bien filmado, con un ritmo pausado pero nada lento, que resulta también un ejemplo de buen cine. Una historia que, pese a que todo el mundo sabe el final, se deja ver gracias a un guión que contiene realismo, que mira la parte negativa de la vejez, la edulcora y le saltea con una pizca de humor.

En definitiva, Hui retrata lo que el título del film indica "una vida simple". Simple pero encantada de ser vivida por Ah Tao, alguien que pese a ser una sirviente se siente la persona más feliz del mundo ayudando a crecer a un niño que no es suyo incluso con más de 30 años. Una mujer que disfruta con un plato de buena comida, que mima la gastronomía, su protegido y las personas de la residencia sin esperar nada a cambio y sin quererlo. Porque su vida es esa. Una simple vida, compleja, con achaques, siendo empleada de por vida, sacrificada y especialmente agradecida.

Un film que será previsible, ñoño y lo que quieras pero buen cine, con un mensaje nada complejo, necesario y además feliz: disfruta y se agradecido a la vida.



Metamorphosis en todos los ámbitos y (para todos los) sentidos


Muchas cosas puede uno esperar de una exposición llamada Metamorphosis. Al escuchar esta palabra el publico general piensa en las de Kafka pero no se debe olvidar uno de que, bajo mismo título, Ovidio escribió un poema de los más extensos (quince libros) en el que el poeta recopilaba gran parte de la mitologí romana de la época.
De entre ellas, el pintor italiano Tiziano se hizo eco de la que narra la historia de Diana y Acteón, en tres cuadros: Diana y CalistoDiana y Acteón y La muerte de Acteón. En el primer cuadro, representa el momento en que Diana descubre que Calisto está embarazada de Júpiter (más tarde Venus la castigará convirtiéndola en osa y Júpiter la redimirá transformándola en la Osa Mayor).


Los dos siguientes siguen la historia de Diana, la diosa de la caza, y Acteón, un cazador. El hombre, sediento tras una larga jornada de cacería decide ir a un río a beber y descubre a la diosa, desnuda, siendo aseada por sus ninfas. Todas corrieron a resguardar a Diana para que el humano no la viera. Pero el hombre es un ser curioso y Diana un deidad demasiado alta para quedar oculta a los ojos de Acteón. Así lo refleja Tiziano.

Pero sabe el ser humano que los dioses no son piadosos y Diana condenó a Acteón. Viose éste convertido en un ciervo de los que él solía cazar, el hombre huyó por donde había venido. No podía hablar solo bramar. Fue por eso que cuando sus perros de caza lo vieron, no pudo más que emitir sonidos tales que los canes no entendieron, por lo que Acteón acabó muriendo, cazado por sus hombres y mordido por sus perros.

He aquí tres historias y dos metamorfosis juntas. La de la obra literaria narrada por Ovidio y su transformación en lienzos por parte de Tiziano, que pinto esta trilogía de cuadros, entre 1556 y 1559, por encargo del rey Carlos III para regalárselo a Felipe II.

Ahora, por primera vez se exponen juntos. Una ocasión única para disfrutar de estas piezas que nos ofrece (gratuitamente) la National Gallery de Londres, bajo el título de Metamorphosis.

Este titulo no sólo se refiere al contenido de los cuadros. Sino que habla de los cambios en general. La transformación del poema de Ovidio en cuadro y de la obra de Tiziano en algo más.

Y es que aprovechando el hecho histórico de disponer de estas tres obras de arte, el museo ha pedido a varios artistas contemporáneos que hagan lo propio. Adapten lo que les inspire el cuadro y creen a partir d él. Así, en la National Gallery vemos lo que sugiere el cuadro y el relato a Chris Ofili en unos óleos que se centran en los sentimientos que le han provocado.

También se puede contemplar una pequeña peluquería donde el hombre actual va a cambiar su imagen.
Continúa la exposición con unos vestidos creados para un ballet ¿un ballet? Sí, la National Gallery se ha unido con el Royal Ballet para que represente a su vez estas tres piezas en Diana & ActeonMachina y Trespass. Una nueva metamorfosis de esta obra literaria que podemos contemplar también, en parte, en el museo. No sólo a través del vestuario expuesto, sinó por las.proyecciones que se presentan de los ensayos de la compañía de danza y los diseño os de sus decorados. 
Tiene sentido que se nos ofrezcan estos fragmentos porque serán “metamorfoseados” a la que sean representados. Una nueva metamorfosis en la galería que, para acabar el recorrido, nos ofrece parte del producto final realizado por el Royal Ballet. Pudiendo presenciar parte de esta nueva metamorfosis.
Además, no es la última, porque en esta proyección también vemos a varios escritores recitar unos poemas que le han inspirado estas pinturas y que  y han servido, a su vez, de base a la compañía de danza.
Cinco metamorfosis en total, siete con las que se narran en los poemas de Ovidio, que se nos presentan en una exposición, podriamos decir, multidisciplinar que va más allá del museo ya que llega hasta al Royal Ballet.
Un nuevo ejemplo a seguir. Un ejemplo de lo importante que es el apoyo a la cultura, la heredada y la presente. Ofrecida de manera gratuita. Visto desde la perspectiva de un español preocupado por las nuevas medidas del gobierno de Mariano Rajoy esta propuesta resulta completamente envidiable y añade más pena al pensar que resultará casi imposible que las instituciones y entes de nuestro país se impulsen proyectos así.

(La exposición estará abierta al público hasta el 23 de septiembre y durante este período la National Gallery también realizará ponencias, encuentros con los escritores y artistas, lecturas de los textos e incluso un pequeño concierto de música inspirada en estas obras)





Batman i Prometheus: La búsqueda de las respuestas


Con lo poco que me suelen gustar las películas de acción y de las tres últimas que he visto, dos pertenecen a este género: The Dark Knight Rises y Prometheus.

Ambas forman parte de una saga, ambas han tenido mil continuaciones, ambas están dirigidas por unos directores que en la actualidad se les ve como auterus del mainstream de encargo y ambas han vuelto este verano para acaparar las pantallas, junto al nuevo Spiderman. Ambas, incluso, tienen un origen en común tanto en argumento como en su propósito: dar respuesta a muchas e importantes preguntas.

La última entrega del Batman de Christofer Nolan es una conclusión perfecta y encuadrada a la trilogía que el mismo empezó y ha terminado. Toda la acción y trama que sucede en The Dark Knight Rises encaja a la perfección en la trama de los dos films anteriores, recuperación de historias, villano más que digno y aterrador, un inicio reposado para situar al espectador, unos flashblacks ajustados a la historia para que nadie se pierda y alguna otra sorpresa. Es, sinceramente, una máquina perfecta (a nivel argumental y económico).

Cabe destacar que pese a ser una máquina a favor de una gran industria hay grandes trazos de su autor, la búsqueda de una identidad, claramente es una de ellas. Bruce Wayne, al principio de la película está convencido que su verdadera identidad es la de ricachón, filántropo, retirado en su mansión. Pero esta vida tan placentera como aburrida se ve truncada cuando una ágil (y felina) mujer -interpretada por una Anne Hathaway nada más que correcta- aparece en su vida y le lleva, sin quererlo y por torpeza, a descubrir un peligro inminente para los ciudadanos de Gotham. Vuelve el conflicto de personalidad: si Wayne ha dejado su alter ego, ¿que hacer ahora? ¿Qué identidad pesa más?

Realmente, la lucha de Bruce para recuperar su identidad murciélaga no será nada facil ante un villano como Bane. Un nuevo terrorista de estas generaciones, que encuentra en la destrucción por la destrucción, en el caos y en el derrumbamiento del sistema un gran placer inmenso, sin tener ninguna ideología.

La única "mala" que ha tenido una ideología en esta saga es la nueva Catwoman que se empeña en querer ser una Robin Hood en tiempos de crisis (no comentaremos el éxito que tiene). Porque lo que no se le puede negar The Dark Knight Rises es que deja ver verdades de la vida actual. Wayne sufre una pequeña bancarrota y el mundo vive una crisis exagerada por culpa de la manipulación de las bolsas por parte de un gran villano y terrorista.

Acción, reflexión, trazos de realidad, un cierre perfectamente encuadrado digno del cine clásico con las dos películas anteriores (no he dicho nada más sobre esto porque deben ir a verla), en definitiva, nada que ver con Prometheus.

Llámenla como quieran: precuela, inicio de la saga, máquina de hacer dinero, Alien: el origen... Porque sí, es cierto que el propio Ridley Scott, creador de la primera y original Alien: el octavo pasajero, calificó a su nuevo film como precuela, pero no esperen lo típico.

Aquí no hay cuadratura del círculo, no hay referencias claras al resto de las entregas precedentes, ni siquiera a la del propio director. El realizador ha hecho la historia que él siempre quiso, sin importarle el poder del fenómeno fan que siempre esperan que les guiñen un ojo. Todo lo opuesto al film de Nolan.

Tampoco la realidad se inmiscuye en el film, ¡sólo faltaría! Es pura ¿ciencia-ficción? Bueno, que cada cual decida. Porque aunque no haya realidad si se habla de temas que han preocupado a parte de la humanidad. Temas metafísicos. Olvídense del montruito de Alien por un momento, por favor, ya les he dicho que aquí (casi) nada va a encajar.

Prometheus no sólo es el título de la película y de la nave de los protagonistas, es el nombre de un titán griego que se enfrentó a Zeus (el dios de los dioses, para entendernos) para robarle su fuego y darle el poder de éste a los hombres. No explicaremos el final del mito, porque realmente esta es la historia que nos cuenta, por increíble que suene, Ridley Scott, en su precuela.

La metafísica es el tema principal de esta nueva entrega de Alien, como muchos la llaman. ¿Hay un creador o creadores? La preocupación por quien ha dado vida al ser humano, la Tierra, la galaxia,... sigue preocupando al final de este nuevo siglo que vivimos. La búsqueda de los porqués de la existencia del ser, de las razones de nuestra creación, de la creación de los planetas, de las vidas...

Por eso cuando unos arqueólogos descubren en 2089 unos escritos prehistóricos que parecen revelar quien o quienes son los creadores de este mundo y sus habitantes, un millonario los contrata para que vayan al único planeta que parece habitado de toda la galaxia. Al mando de la tripulación está la hija de este millonario y un androide (robot con aspecto humano) creado para supervisar la expedición y cuidar de los humanos.

Como es de esperar, una vez llegan a este planeta las cosas no salen como se esperaban y no todos reaccionan de la misma manera. Una vez uno descubre quien puede ser su creador y que supone eso, las consecuencias y maneras de actuar pueden dar muchas vueltas, sólo hace falta ver lo que les sucede a toda la tripulación de Prometheus.



Como ven poca referencia parece haber en este film hacia Alien: el octavo pasajero pese a que ambas han sido realizadas y pensadas por el propio Ridley Scott. Eso sí, la calidad es espectacular, el cuidado técnico, de maquinaria, de artilugios, de extraterrestres y humanoides es tan excelente como el guión de esta película.

Así pues, puedo concluir, que me incursión en las pelis de ¿acción? de este verano ha sido de lo más satisfactoria. De acuerdo, nos encontramos en frente de Batman Alien, ante dos megaproducciones hechas para recaudar dinero de los espectadores, pero que si queremos ver algo más que un producto de evasión comprobaremos que ofrecen  algo más. La primera es una búsqueda y una explicación de toda una historia de episodios con trazos de realidad, así como un conflicto de identidad; la segunda también tiene algo de conflicto de identidad y resulta más que una aventura interespacial una búsqueda a grandes respuestas metafísicas que la humanidad se ha hecho a lo largo de la historia. Sí, ambas, para un público mayoritario, ambas aderezadas con malvados, ambas con escenas técnicas y de acción espectaculares. Y, sobre todo, ambas dos películas más que dignas de ver.

The Dark Knight Rises




Prometheus


Mirar a las estrellas para ver la realidad


Como abarcar una película que abarca temas universales e incluso el universo en sí. Se ha difícil abarcar todos los contenidos de un film como Nostalgia de la luz, el último trabajo del realizador chileno Patricio GuzmánEspecialmente cuando abarca astrología, arqueología, política e historia.

El director inicia este film-diario personal hablando sobre el desierto de Atacama, uno de los más grandes y secos de todo el mundo. Allí se encuentran dos cosas: la primera uno de los observatorios astronómicos más importantes, y la más importante restos de la memoria de un país. ¿Qué tendrá que ver? -se preguntarán muchos. Todo. Y más tras ver el documental.

Como bien explican los astrónomos que trabajan en Atacama mirar las estrellas es mirar al pasado, porque lo que se ve desde aquí es lo que ha pasado hace mucho tiempo (años-luz) en el universo. Los estudiosos intentan conocer el origen de lo que sucede en el universo, la procedencia de todo, la composición del universo, de la Tierra y de las estrellas. Y de momento pueden afirmar una cosa, las estrellas están compuestas por calcio. El mismo calcio que contienen los huesos del ser humano. Huesos que se encuentran en el desierto de Atacama.

Y es ahí, en ese momento (y en muchos otros), donde el espectador le ve sentido a este nexo curioso del film. Cerca de este observatorio, en el mismo desierto de Atacama han habido excavaciones arqueológicas. No sólo para estudiar la composición de este enorme y sublime paisaje, sino para encontrar las huellas del pasado. No sólo su composición natural, sino restos de huesos humanos, tanto de indígenas de la etapa prehistórica, como de personas mucho más cercanas, los muertos en las campos de concentración y víctimas políticas de la dictadura de Pinochet. Porque aún ahora, muchas mujeres que perdieron a sus hijos se pasean diariamente para encontrar restos (o incluso el cuerpo entero) de sus fallecidos.

Sin exagerar en dramatismo, con un didactismo ejemplar, con un guión excelentemente tramado, como el mejor de los diarios fílmicos grabados Guzmán no olvida el presente como no lo hacen los protagonistas de su película. Sus testimonios grabados a base de entrevistas frente a la cámara, típico de los reportajes, se entremezclan con sus reflexiones y las de sus muy distintos portavoces que contienen verdad y encajan perfectamente en este ensayo fílmico-filosófico-antropológico.

Porque mientras los astrónomos se hacen mil preguntas sobre el universo, el realizador chileno, igual que muchos chilenos, se plantea muchas de las cuestiones que Chile y los chilenos aún ha de (y quiere) resolver.

En España tocar la memoria histórica es tabú y los reportajes que se han hecho, pese a ser de lo más necesarios (porque nunca se debe olvidar lo sucedido y los cuerpos que aún quedan por recuperar), resultan un cúmulo de exposiciones frente a la cámara de testimonios. Son reportajes funcionales.
Guzmán también los presenta pero ofrece un toque poético. Algunos pueden pensar ¿las cosas son como son porque añadirle lirismo al asunto? ¿Porqué? Porque el dolor es grande. Porque las preguntas son muchas y porque algunos de los testigos de este film ofrecen algunas reflexiones que pueden ayudar a muchos de los que siguen y siguen y siguen sin cesar buscando a sus hijos, buscando parte de la historia de un país. Porque queremos luz en el presente, y éste tiene un pasado que le precede, como todo, incluso el universo. Porque existe y porque es necesario sentir (y ver) Nostalgia de la luz.